miércoles, 2 de marzo de 2016

Por qué leer la Biblia (aunque no seas creyente)

Siendo una niña decidí que algún día leería la Biblia, para conocer las aventuras de Moisés que contaba el libro del Éxodo después de haber atravesado el Mar Rojo. Con el tiempo fue la curiosidad por el libro en general lo que me llevó a leerla: saber qué cuenta para que sea libro de cabecera de tantas personas, entender por qué siendo tan larga siempre se leen los mismos fragmentos en las celebraciones religiosas o por qué es el libro favorito de Madonna... Tenía ganas de acudir a la fuente de todo aquello que aprendí de niña para saber si, sin clase de religión de por medio,la Biblia en sí puede decirnos algo.

Advierto, antes de que sigáis leyendo, de que el post es largo.

La Biblia, según el diccionario, es el conjunto de libros sagrados del cristianismo y el judaísmo. Eso significa que el libro es en principio común a las religiones judía, católica, ortodoxa y protestante, pero en realidad no es exactamente igual en cada una de las creencias. Por supuesto, la primera diferencia es que en el judaísmo el Nuevo Testamento no existe, ya que es la parte que narra la vida y milagros de Jesús (judío), a quien sus contemporáneos nunca reconocieron como enviado de Dios. Los demás libros, pertenecientes al llamado Antiguo Testamento, se agrupan de otra forma, se distribuyen en distinto orden y se llaman de distinta manera: por ejemplo, los libros del Pentateuco forman la Torá (ley en hebreo) judía. Algunos tampoco aparecen en todas las biblias, como los deuterocanónicos.

Los libros que pertenecen a la Biblia y la versión elegida como base para su traducción que se usa en todo el territorio católico fue la Vulgata, a su vez traducción latina de la Septuaginta o Biblia Griega de los LXX, decisión que se tomó en el Concilio de Trento. La Septuaginta era la versión de la biblia hebrea escrita en griego que se utilizaba por las comunidades judías que no vivían en Judea y por las primeras comunidades cristianas. Algunos de sus libros no aparecen en la biblia hebrea actual, que son una versión posterior de textos más antiguos escritos en hebreo y arameo. Estos libros que faltan se denominan deuterocanónicos, y algunos grupos de la religión protestante y ortodoxa tampoco los considera sagrados.

Otra importante diferencia entre las biblias es que por ejemplo en las protestantes suelen faltar notas explicativas, ya que defienden que la interpretación de los textos la puede hacer cada creyente recibiendo la ayuda del Espíritu Santo. Esto puede dificultar la lectura de la biblia a alguien que no conozca de cerca la religión.

Charlton Heston como Moisés
Por eso no es baladí la elección de la Biblia una vez decidido iniciarse en su lectura. En mi caso, que sí tengo conocimientos de religión porque acudí a una escuela católica, me decidí por la Biblia de Jerusalén. Esta versión de la biblia conserva más o menos el orden (y el criterio) de los libros de la biblia católica, pero no parte de la Vulgata (ni de la Septuaginta) para su traducción al idioma que sea, sino que acude a los textos originales escritos en arameo y hebreo. En teoría con este trabajo se invita a un estudio de la Biblia más literario y estílistico, y pretende disminuir los posibles errores de traducción acumulados en las sucesivas versiones. Se publicó en Francia por primera vez, y yo tomé la versión en castellano para su lectura. Incluye introducciones a todos los libros sobre sus autores (si son anónimos o no, si son varios y el libro es una suma de otros tantos...), la época y el contexto en el que se escribió, la intención y el idioma original. Además aparecen muchas notas donde a menudo se compara la traducción hecha por el equipo redactor con la versión que da la Vulgata. Le faltan, sin embargo, notas sobre la interpretación religiosa de los textos.

Si os animáis a leer la Biblia deberíais tener en cuenta, entre otras cosas, el contexto en el que fue escrita. El conjunto de libros se redactó a lo largo de muchísimos años, y se desarrolló dentro de una cultura totalmente distinta a la nuestra. Y eso se refleja, entre otras cosas, en la lengua y en la forma de hablar. Dicen que en lengua hebrea, para explicar algo, se redacta un texto de forma circular, y por eso muchas veces lo que leemos son metáforas o símbolos de lo que en realidad se quiere decir. Por eso no se puede leer de forma literal, y por eso hay también tantísimas repeticiones.

Otro aspecto a tener en cuenta es la época, en muchas ocasiones antiquísima. En el Levítico, por ejemplo, la pena de muerte es la multa recomendada por la Ley para muchísimos delitos (o supuestos pecados), algo habitual en la época, pero leemos que condena el sacrificio humano en un momento en que era habitual en todas las culturas coexistentes con la judía. Tampoco hay que olvidar que la Biblia es un libro religioso y no histórico, y no sorprenderse del simbolismo de los números. Se habla con mucha ligereza de miles de muertos, y las múltiples genealogías hablan de hombres que vivían más de ciento cincuenta años, o de reyes importantes que se sucedían, curiosamente, cada setenta. Todos estos datos numéricos hay que olvidarlos y ver más allá: la Biblia sólo nos cuenta aquello de lo que podemos tomar una enseñanza o, si se entiende mejor, la Biblia interpreta los hechos históricos y los redacta contados desde el prisma religioso.

Robert Powell como Jesús
Si os decidís y tenéis en cuenta lo explicado arriba, yo os recomendaría que, si os da igual, leyérais una Biblia católica. Seáis o no religiosos, aparecerán notas que os ayudarán en su interpretación, bien para vosotros mismos o como información sobre la interpretación oficial. Si no conocéis nada sobre religión y os animáis a leer la Biblia, hacedlo con una didáctica que os explique las imágenes e interpretaciones más importantes. La Biblia de Jerusalén a mí me ha gustado, pero presupone unos conocimientos sobre religión que en mi caso, a pesar de mi formación, muchas veces fueron escasos.

Muchos dicen que la Biblia es el libro más completo del mundo, porque se puede encontrar en sus páginas guerras, traiciones, amor, sexo, amistad, política, poesía, y un larguísimo etcétera pero, desengañaos: la Biblia no es una novela. No se escribió para el entretenimiento, ni para leerla como un libro toda seguida, sino como obra de consulta en temas religiosos y para su uso en los diferentes ritos. Yo la leí en cinco tandas, con descansos entremedias en los que leía libros totalmente distintos. Pero, sinceramente, recomendaría su lectura en unas cuantas tandas más, ocho o diez, que os permita no aburriros y tomar su lectura cada vez con interés. Es muy larga, y muy contradictoria, de unos libros con otros y dentro de los libros en sí, ya que sobre todo los libros más antiguos están formados por varios escritos procedentes de tradiciones distintas que se mezclaron entre sí. Es verdad que es muy variada: en estilo, en la intención y en los temas, por la época e incluso por el idioma original (que en los libros más modernos es el griego). También es sorprendente: el tema del sexo en el Cantar de los Cantares, las dudas en el Eclesiástico, la ternura de Jonás y la violencia del Levítico consiguieron hacerme entender el interés que este libro despierta.

Al comenzar la lectura no niego que esperaba que la Biblia me aportara algo: por algo es un libro sagrado. He aprendido muchísimo sobre religión (que era la idea) y sobre el contexto en el que se escribió, y he comprendido la interpretación judía de la historia, ya que los antiguos veían a Dios en cada una de las guerras que ganaban (o perdían). Pero para ver a Dios detrás de todo se necesita la fe, y eso no siempre lo da la Biblia, así que ateos y creyentes leen la Biblia para confirmar su fe o su falta de ella, pero veo difícil que uno cambie de opinión tras su lectura.

He comprendido la fijación por la tierra de los judíos: en la promesa a Abrahán ya se hablaba de ella, y Dios les daría la tierra (y les ayudaría a conservarla) si su pueblo seguía la ley. He visto la evolución de la visión de Dios a lo largo del tiempo, cómo un dios vengativo termina convertido en padre, cómo castiga y cómo premia, y cómo nunca olvida a su pueblo. He leído sobre profetas, muy duros con los judíos porque no siguen los mandatos de Dios, y hasta con dudas, como Jonás, que al principio se niega a cumplir lo que Dios le manda. Dios ayuda a los justos, pero demasiado a menudo vemos que muchos justos sufren en vida desgracias que no merecen. Esto lo vemos nosotros y lo veían los antiguos, y escriben sobre gente como Job, que a pesar de no merecerlo recibe el castigo de Dios una y otra vez, para poner a prueba su fe. Leer sobre el espíritu revolucionario de Jesús, cuando desafiaba a tantos poniendo en duda la sinceridad de su fe, ubicándole en el contexto, me ha encantado: en esa época, después de las revoluciones macabeas, muchos quisieron ver en él a alguien que defendiera los derechos de los judíos, pero fue mucho más allá. Fuera o no Hijo de Dios (y basándose en los evangelios, única fuente de información) se atrevió a sacar los colores a muchos que lo merecían, sin fijarse en su condición y sin tener en cuenta el riesgo en que ponía su vida. Y por último leyendo la Carta de los Romanos de San Pablo entendí por qué Lutero planteó que quizá sólo la fe (y no la fe y las obras) trajera la Salvación a los hombres.

No me arrepiento de haberla leído, a pesar de las horas invertidas y de haber estado cerca de dejarla (con las Crónicas, los Salmos e incluso con las Cartas de San Pablo). Pero, como digo requiere un gran esfuerzo que estoy segura no es capaz de realizar cualquiera... y tampoco sé si a todos compensaría.

Ratita de laboratorio





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