Panza de burro es un éxito editorial de 2020, que alarga su sombra sobre 2021. Quería leerlo por lo que había escuchado sobre él: que era innovador, que rompía las reglas del lenguaje, que se saltaba todas las normas. Y me extrañaba la falta de críticas negativas. Supongo que las habrá, pero al leer la obra de Abreu lo he entendido: con su forma de escribir demuestra un control de las letras que ya nos gustaría a muchos tener, porque rompe en su justa medida, y el lenguaje utilizado queda natural y no forzado. Si además se utiliza en una novela de iniciación, que narra el final de la niñez, el resultado es perfecto.