Viajar muy lejos da la oportunidad de leer libros que normalmente estarían lejos de tu alcance. En Nueva York visité muchas librerías buscando rarezas entre las estanterías de novedades y recomendaciones, y me tropecé con este librito de los 70 que calificaban como libro "de culto" y que imaginé asequible para mi cada vez más bajo nivel de inglés. El resumen era lo suficientemente raro como para despertar interés: contaba las vivencias de un poeta sin recursos que se ve obligado a meterse a limpiador para pagar sus facturas. El resultado es, extraño pero, efectivamente, la obra tiene algo. Retrata un momento muy concreto en la historia de la ciudad y también sugiere algunas cosas más.