
Como tantos otros, llegué a
Paradiso
de la mano de Julio Cortázar. En su
La vuelta al día en ochenta
mundos invita a su lectura, elogiando el trabajo de Lezama Lima,
y yo, como tantos otros incautos, tras leer a Cortázar pedí como
regalo de cumpleaños
Paradiso. La dedicatoria data del 2004,
cuando abandoné la lectura por compleja, y trece años he tardado en
retomarla.
Paradiso apareció hace poco en una lista como
ejemplo de libro con fama de aburrido, al lado de
Moby Dick y
El Quijote. Verlo entre obras de ese calibre me animó a
rescatarlo de su abandono temporal, y esta vez lo devuelvo a la
estantería habiendo cumplido. Creo que es un error leerlo sin
conocer la lírica de Lezama, y también llegar a él por Cortázar,
pero pese a su dificultad, esta vez pude apreciar los motivos de su
elogio.