lunes, 5 de junio de 2017

Llamémosla Random House, de Bennett Cerf

Esta autobiografía es muy, muy recomendable para amantes de la literatura y de los libros en sí. Ha llegado a nuestras manos por el boca a boca y después de terminarlo, los que lo recomendaban tenían razón: es perfecto para quienes aman leer y además sienten curiosidad por todo lo que envuelve a un gran libro, por el proceso por el que llega al lector la idea de un escritor. Además, permite conocer un oficio, el del editor, del que muchas veces sólo se tiene noticia para mal. Bennett Cerf explica cómo su trabajo puede ser clave para que un libro mejore desde el manuscrito a la imprenta y se convierta en un éxito de ventas. Pero lo bueno es que no se queda aquí: Cerf, que fundó una editorial gigantesca casi de la nada, además de un gran hombre de negocios era un excelente lector. Empezó en el oficio porque le gustaba. Y le siguió gustando hasta el final de sus días.




Llamémosla Random House es la historia de una editorial mítica, nacida en Nueva York en los años 20. Cerf arranca un poco antes, relatando la historia de su familia y de sus primeros pasos, que le llevaron desde el periodismo hasta la Bolsa. Unas cuantas casualidades le pusieron en el camino de un editor que le enseñó el negocio. Y él mismo, con otros socios, emprendieron el camino de Random House con dinero prestado y la compra de un sólido catálogo de clásicos.

A partir de ese momento, la empresa empezó a crecer de la mano de grandes talentos estadounidenses y europeos que Cerf y sus compañeros supieron "cazar" para su editorial y de reediciones de libros ya sin derechos, como Moby Dick, a los que dieron tal esplendor que volvieron a ser éxitos de ventas. El libro es interesantísimo porque a la vez que narra la historia de su compañía, el autor va contando cómo le va afectando lo que ocurre a su alrededor -el crack del 29, la segunda guerra mundial- y, sobre todo, cómo conoció a autores míticos. Por Random House pasaron Gertrude Stein, Truman Capote, James Joyce, Ayn Rand, William Faulkner... Cerf nos habla de sus egos, de las peleas con los editores, de sus épocas malas y buenas. El libro permite al lector acercarse a escritores que admira desde otro punto de vista. Y además, admirar el buen ojo de Cerf y su valentía a la hora de publicar: fue él quien consiguió que el Ulises venciera la censura en Estados Unidos. Y quien se atrevió a publicar los siete libros de En busca del tiempo perdido de manera que triunfaran entre el público.

Aunque es una autobiografía, el libro está más centrado en la propia compañía que en él mismo, aunque se adivina, por lo que cuenta, que Cerf era un personaje que valía la pena en sí mismo: también fue escritor, columnista, se casó con estrellas de cine, tuvo programas de radio y televisión... De algún modo, trascendió a su propio oficio y seguramente las buenas relaciones que la fama le dio le ayudaron a conseguir nuevos talentos.

Benett Cerf, el segundo por la izquierda, en su programa de televisión | Wikipedia 


Dice de él que tuvo "una vida muy feliz" y "toda la suerte del mundo", refiriéndose también a su propia familia además de a su trayectoria, que en las últimas páginas ya ve desde la distancia. De alguna manera, trata a su propia empresa con el amor que le tendría a un hijo y sigue amando lo que hace hasta el final. Con su autobiografía, consigue contagiar al lector esa pasión por un lado desconocido, pero esencial, de una obra
 literaria. Y valorar más un trabajo que, cuando está bien hecho, puede conseguir cosas extraordinarias.

Ratita presumida


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