domingo, 15 de junio de 2014

Las palabras andantes, de Eduardo Galeano

Un buen amigo me regaló este libro, del que había oído en la radio algunas de sus „ventanas“, las cuales le habían gustado mucho. Yo ya conocía a Eduardo Galeano y por eso no me sorprendió que hubiera escuchado alguno de sus cuentos cortos y le hubieran encantado. En eso es especialista, y le hace perfecto para un bonito regalo (como ya he dicho alguna vez). Mi amigo leyó el libro en griego, yo se lo dejaré en español a ver si así le gusta más. Ahora me toca a mí traducir lo que escribió en la dedicatoria. 

 Eduardo Galeano tenía ilusión por escribir un libro que José Borges pudiera ilustrar. Según el prólogo, al contarle los cuentos, él empezó a dibujar. Se publicó en el año 1993 y, como otros libros de Galeano, es una recopilación de cuentos, reflexiones y leyendas. Algunas son mejores que otras, y el diablo es protagonista de algunas. Su lectura se hace amena por las ilustraciones, que se intercalan en los cuentos dando una imagen a lo que Galeano nos cuenta.

Galeano escribe ventanas, que son cuentos o reflexiones muy cortitas, e historias, que son cuentos algo más largos. A mí me han gustado algunas historias pero, sobre todo, las ventanas, porque en muy pocas palabras Galeano nos dice mucho. Como ha hecho siempre.

Mejor que seguir dandoos mi opinión, es que os deje como aperitivo algunas de sus ventanas. La primera la escribo porque menciona Madrid, la segunda porque adoro el sol en invierno. La tercera porque Galeano es de los que siempre camina (e invita a caminar).

Ventana sobre las prohibiciones

En la pared de una fonda de Madrid, hay un cartel que dice: Prohibido el cante.
En la pared del aeropuerto de Río de Janeiro, hay un cartel que dice: Prohibido jugar con los carritos porta-valijas.
O sea: todavía hay gente que canta, todavía hay gente que juega.

Ventana sobre el error

Ocurrió en el tiempo de las noches largas y los vientos de hielo: una mañana floreció el jazmín del Cabo, en el jardín de mi casa, y el aire frío se impregnó de su aroma, y ese día también floreció el ciruelo y despertaron las tortugas.
Fue un error, y poco duró. Pero gracias al error, el jazmín, el ciruelo y las tortugas pudieron creer que alguna vez se acabará el invierno. Y yo también.

Ventana sobre la utopía

Ella está en el horizonte – dice Fernando Birri -. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.

Se lee fácil, poco a poco, y tiene textos increíbles. Sin ser lo mejor que he leído de Galeano, con este libro haréis un regalo estupendo. Como me hicieron a mí.

Ratita de laboratorio

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