domingo, 27 de mayo de 2012

Las Correcciones, de Jonathan Franzen


Antes de lo esperado vuelvo a publicar una entrada sobre el último libro que he leído: Las Correcciones, de Jonathan Franzen. Esta novela llegó a mis manos un poco de casualidad porque pretendía ser un regalo para un tercero, ya que por entonces el libro estaba agotado y pendiente de nueva publicación en España. El caso es que no cumplí del todo el encargo y decidí quedármelo: si el libro de Libertad del mismo autor estaba en los primeros puestos de ventas en Navidades podía ser por algo.



Jonathan Franzen publicó Las Correcciones en el año 2001, convirtiéndose en un best-seller en los EEUU. En él Franzen cuenta la historia de la familia Lambert, utilizada como excusa para criticar la sociedad actual y el sistema económico en el que viven. Alfred Lambert, ingeniero civil ya jubilado, está enfermo de Parkinson y su mujer, Enid, no sabe muy bien cómo afrontar el problema. Ambos viven en el Medio Oeste de EEUU, lejos de sus hijos, que viven en la costa cerca de Filadelfia y Nueva York. A la vista de que su marido está cada vez peor, Enid propone a sus tres vástagos que pasen una última Navidad en St. Jude, la ciudad en la que viven, antes de que su marido tenga que trasladarse a vivir a una residencia, la pareja tenga que mudarse o a Alfred le pase algo peor. Los cinco juntos, como cuando los críos eran pequeños, y la familia y parejas de sus hijos, si se deciden también a venir.

Con este planteamiento, Franzen nos explica poco a poco la historia de la familia. En cada capítulo nos presenta a cada uno de los hijos: Chip, un profesor de Universidad despedido de su trabajo por acostarse con una alumna; Gary, con un trabajo y una familia aparentemente modelo pero que está a punto de caer en una depresión y Denise, la pequeña, adicta al trabajo y divorciada. Los tres escapan jóvenes del ambiente de St. Jude donde se sienten agobiados. El matrimonio Lambert impone a sus hijos una educación rígida y severa y, por su carácter conservador, pretende y espera de sus hijos que lleven una vida convencional, como debe ser, y como hacen los hijos de los amigos de la pareja. El sueño de Enid es que vivan cerca, se casen y pongan orden en sus vidas. El de Alfred nadie lo sabe: nunca ha contado mucho a su familia y desde que está enfermo pasa la mayoría del tiempo dormitando en su silla preferida instalada en el garaje.

El título de la obra no puede ser más adecuado: la novela entera habla de correcciones. Las que los padres hacen a sus hijos, las que los hijos hacen a sus padres; las correcciones que una mujer hace a su marido, las que un hombre hace a su mujer. Correcciones que Chip tiene que hacer en el guión que está escribiendo, correcciones que Gary pretende hacer en la vida de sus padres diferenciando la suya al máximo de la de sus progenitores, correcciones que Denise intenta hacerse a sí misma consciente de que ama a quien no debe. Así, Franzen nos presenta la vida como una eterna corrección, donde sólo buscamos alcanzar lo que nos hemos propuesto, que es lo que nuestros padres nos han inculcado o, precisamente, todo lo contrario. Así, corregimos y corregimos los errores cometidos en nuestras vidas que nos impiden conseguir lo que buscamos sin darnos cuenta de que la vida no puede reescribirse, de que no existe una máquina del tiempo que nos permita volver atrás y modificar nuestro pasado o el de nuestros padres.

En el libro se toca un tema incómodo tras otro: las miserias del matrimonio Lambert, y del matrimonio Lambert II; las ilusiones rotas y los problemas que acarrea la convivencia con un enfermo. De traumas infantiles, de envidias entre hermanos, de conflictos generacionales difíciles de superar. Se habla también sobre la sociedad de consumo, contra la que luchan los personajes de la obra cada uno a su manera, y que les empuja una y otra vez a ver su vida como un fracaso cuando quizá no lo ha sido tanto. Se critica el sistema capitalista actual, y los juegos de la Bolsa, capaces de poner en jaque a un país como Lituania (¿de qué país se hablaría si el libro se hubiera escrito 10 años después?). Los protagonistas son gente trabajadora, de clase media, con fe en unos principios pasados de moda y que ven cómo estos principios les pueden llevar a la ruina. Habla de la pena de muerte, del racismo, del sindicalismo en EEUU. Este libro habla de lo duro que es pasar a la vida adulta, del momento en que los padres dejan de cuidar a los hijos y son los hijos los que se deben ocupar de sus padres, de cuando uno se vuelve consciente de que no hay más caminos marcados y que uno debe elegir el camino de la vida que crea que le va a hacer más feliz. Del momento en que uno es consciente de que la elección del camino a seguir puede ser errónea, del miedo que produce saber que uno puede equivocarse. Habla del momento en el que uno se da cuenta de que las correcciones en la vida no siempre son posibles.

Este libro puede ser interesante para los que tengan interés en conocer la otra parte de la sociedad estadounidense, la que no sale en las revistas ni en las películas, también para aquellos que creen que en EEUU no hay autocrítica. Pero debéis tener en cuenta que si estáis pasando por una crisis existencial, el libro sólo puede empeorarla. Muchos de los temas se tratan con humor: yo me he reído con el libro, pero otros son tan crudos y tan duros que me han hecho echar la lágrima en más de una ocasión. Aun leyendo en el tranvía.

Ratita de laboratorio

2 comentarios:

  1. Bueno... no creo que esté bien que una rata elogie a otra, pero es que está genial y me han entrado aún más ganas de leérmelo! Aun sin hacerlo, se lo recomiendo a todo el mundo porque todas las críticas que he leído son buenísimas y que a la ratita de laboratorio le guste es toda una garantía.

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