sábado, 1 de septiembre de 2012

Ventajas de viajar en tren, de Antonio Orejudo


Al leer el título de este libro, uno puede pensar que se enfrenta a la obra de un temeroso de los aviones que nos cuenta cómo viajar en tren es mucho más interesante que ir en avión. Por ver los paisajes, y porque hay más espacio. Y porque uno siempre puede conocer a gente interesante con historias que contar. Pero no, Orejudo no tiene miedo a los aviones. Simplemente nos invita a leer algunas historias que se pueden contar en un vagón, pero también en cualquier otro sitio, previo pacto de que imaginemos a una mujer en un tren. Con esta entrada os presento a un autor que fue para mí todo un descubrimiento, que además está vivo y al que, por tanto, le queda mucho por escribir.


Antonio Orejudo es un autor joven, de Madrid, y Doctor en Filología Hispánica. Trabaja en la Universidad de Almería y hace críticas literarias. Como escritor es poco conocido, aunque con sus obras ya ha ganado algunos premios. Los libros de Orejudo tocan diferentes temas, pero todos tienen en común que son amenos y entretenidos, y que tienen un ritmo rápido. Orejudo escribe para que sus lectores se rían, lloren, se indignen y duden. Y cuando critica, Orejudo no deja títere con cabeza.

Ventajas de viajar en tren es una obra metaliteraria. El argumento arranca en un vagón con una conversación entre una mujer y un hombre, que le pregunta si puede contarle su vida. Ella, que acaba de ingresar a su marido en un psiquiátrico, acepta la proposición, y nos introducimos con ella en un relato de vértigo del doctor Sanagustín. Relato que contiene otro relato, que a su vez es el relato de otro más, hasta que perdemos un poco la perspectiva y dejamos de saber qué estamos leyendo. El doctor nos presenta a enfermos mentales, y nos habla de los distintos diagnósticos que pueden recibir, y nos cuenta lo que dicen. Al principio, el lector intenta trazar la frontera entre la realidad y la ficción, pero en un momento dado se abandona y sigue leyendo, porque saber dónde acaba lo real y dónde empieza lo inventado no es tan fácil. Partiendo de que, desde el principio, sólo estamos imaginando que una mujer viaja en un tren.

Orejudo utiliza en casi todo el libro la primera persona, para hacer más reales las historias que nos cuenta. Da un paseo por distintas enfermedades mentales, desde el punto de vista del enfermo y del doctor, y sus personajes son especialistas en contar anécdotas que les han pasado a ellos o a sus allegados. Terminamos sin saber muy bien si podemos fiarnos del narrador, como pasa a veces en Internet. Parece que lo que leemos en la red es real siempre: si leemos las palabras de un bloguero en Internet damos por hecho que son suyas, o que lo que cuenta es absolutamente cierto. Pero a veces los internautas cuentan mentiras o, lo que es peor, las copian. Hasta cuando buscamos fuentes supuestamente bien documentadas Internet puede jugarnos una mala pasada: desde que los algoritmos de ciertos buscadores se adaptan a sus usuarios, tu verdad puede ser incluso distinta de la mía.

Por eso me gusta Antonio Orejudo: porque juega con esa verdad y esa mentira, porque borra la frontera entre ambas hasta que no la reconocemos, al parecer, inspirado en El Quijote de Cervantes. Me gusta porque no sabemos lo que él inventa o lo que cuenta porque lo ha podido documentar, si sus personajes son mentirosos patológicos o si sólo son unos conspiranoicos incomprendidos. A la vez que mete el dedo en la llaga inventando historias sobre nuestra sociedad que, lamentablemente, podrían ser verdad. Orejudo remueve las conciencias cuando habla de ciertos temas como el espionaje de Estado, la Universidad o el Ejército, haciendo que sus lectores duden y se pregunten si aquello en lo que siempre han creído, es verdad.
Así que os invito sin duda a descubrir a este autor, con cualquiera de sus libros. Al jugar con la verdad y la mentira, con lo real y lo irreal, Orejudo juega hasta el final, pero se nota lo que él piensa: puede que uno no sepa qué es verdad y qué es mentira, pero hay cosas que están bien y otras que están mal. Y no dudar dónde está la diferencia entre unas y otras es lo que nos convierte en buenas personas.

Ratita de laboratorio

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