lunes, 30 de julio de 2012

La novela de Genji, de Murasaki Shikibu

Este es de los libros más extraños, más largos y más fascinantes que me he leído en mi vida. Oí hablar de él por casualidad y tuve la suerte de que muy poquito antes lo hubieran editado en bolsillo. Lo tenía todo para despertar curiosidad: ¿una novela que comparaban con el Quijote pero escrita cinco siglos antes? ¿Por una mujer? ¿En Japón? ¿De la que hay quien dice que es lo mejor que se ha escrito jamás y que es el preludio de libros como Los Hermanos Karamazov y Hamlet? Aprovechando mi primera tanda de vacaciones, me terminé la segunda parte y puedo decir que es de las obras que más me han impresionado. Intentaré resumir por qué.


La novela de Genji trata sobre la vida de uno de los hijos del emperador Kuritsubo. Su madre es de bajo rango, y pese a la evidente valía de Genji y el amor que tenía su padre tanto por ella como por el niño, éste queda arrinconado dentro de las luchas de poder de la monarquía y la política, y toda su vida tendrá que luchar por hacer valer su posición, hasta convertirse en uno de los personajes más influyentes, y poderosos, de su época. Así contado, el argumento parece de lo más convencional: la típica novela (o novelón) que retrata una sociedad en un momento determinado, con multitud de personajes e intrigas y un protagonista que tiene que pelear por recuperar su lugar. Pero el Genji está ambientado en una sociedad tan radicalmente alejada de la nuestra que toda la novela se convierte para el lector en un intento de comprender y una sorpresa constante. Sus personajes pertenecen a la más alta nobleza de la época Heian, pero no tienen nada que ver con los nobles medievales o con la corte francesa del XVIII: sus valores son otros, su vida es totalmente distinta, su forma de actuar no se parece en nada a la del héroe convencional en Occidente. Por poner un ejemplo, Genji y sus contemporáneos lloran muy a menudo, y lo hacen en público, por motivos aparentemente tan nimios como la belleza de un cerezo o de un poema. Y uno de los atributos más valorados en un noble tan elevado como el propio "príncipe resplandeciente" es su olor, así que tanto Genji como sus amigos pueden pasarse horas fabricando sus propios perfumes, tratando de ser reconocibles por su irresistible fragancia...


Pero sin duda lo más llamativo del libro son las relaciones con las mujeres. La nobleza Heian era polígama, y la primera parte de la obra está centrada en los amores de Genji, que poco más tenía que hacer que dedicarse a ir detrás de las damas más bellas de la capital y conquistarlas a base de poemas escritos con la más bella caligrafía, delicadas conversaciones a través del kichó, y, si eso no surtía efecto, entrando directamente en sus aposentos. El choque entre esta forma de actuar y el punto de vista de un occidental contemporáneo es tremendo, y cuesta ver en ese Genji que actúa en función de sus impulsos, y que pese a ello es idolatrado por todos, a un héroe novelesco convencional. Hay que tratar de introducirse dentro de ese mundo, reconocer que no cabe comparación posible con lo conocido, olvidarse de prejuicios y disfrutar de estar descubriendo una sociedad totalmente nueva, para quien la belleza es el máximo ideal, pero que está constantemente preocupada por la religión y las supersticiones; para quienes las relaciones de hombre y mujer están basados en la más absoluta delicadeza en las conversaciones y detalles, pero entre los que también hay violaciones, matrimonios de conveniencia, engaños y traiciones.

Hay muchísimo que contar del Genji en sí y de todo su universo: me dejo todo el tema religioso, con la combinación de budismo y sintoísmo y esa mezcla entre su interés de disfrutar al máximo de la vida, embelleciéndola con fiestas constantes y jardines cuidados hasta el extremo, con su obsesión con sus errores en vidas pasadas que podrían estar determinando sus desgracias presentes. También me dejo su fijación con la naturaleza, a la que observan constantemente, prestando atención al paso de las estaciones, a la luna, a las estrellas, a las flores que aparecen en cada época del año, y a la que celebran durante todo el libro en multitud de poemas, comparando elementos de su entorno con sus propios sentimientos. Leer el Genji es ir descubriendo todo el tiempo algo nuevo y no dejar de sentir curiosidad por unos hombres y una época tan distinta, teniendo la certeza de que existió realmente...

¿Y de lo literario? ¿Qué hace del Genji una novela universal y no una simple crónica del Japón del siglo X? ¿Por qué, pese a todas las diferencias, un lector del siglo XXI, europeo, puede disfrutar con él? Yo no terminé de entenderlo del todo hasta los capítulos de la segunda parte sobre el amor de Genji y Murasaki, su esposa más querida, a la que, por cierto, adoptó con poco más de diez años... Y con los capítulos de Uji, sobre la rivalidad entre dos de los descendientes de Genji, enfrentados por amor, y la manera en que la autora describe la infidelidad de ella y su desesperación después. Supe, al leerlos, que no iba a olvidarlos. Dicen que en escenas como estas se esconden los grandes personajes de la literatura universal que vendrían después, y que es posible comparar a cada mujer de la novela, muchísimas pero dotadas, cada una, de vida y características propias, a las grandes heroínas posteriores... Sí, es cierto, pero el análisis llega más tarde: durante la lectura, como ocurre con las grandes obras, los personajes empiezan a ser parte de ti y comprendes a la pobre Murasaki cuando sufre y perdona pese a todo a su marido. Y a Genji, que pese a sentir un amor inmenso por ella no puede evitar irse de su lado cada noche.

Un último aviso: estoy segura de que habrá mucha gente, y no por ser malos lectores, que no pueda sufrir el Genji. El ritmo es lento la mayor parte del tiempo (por los poemas, aunque sean muy breves, y por el detallismo de la autora) y hay que poner mucho de nuestra parte para introducirnos en su mundo. Sin olvidar la extensión, de 1.600 páginas. Pero a mí me mereció la pena. Y estoy segura de que a mucha gente también le hará disfrutar.

Ratita presumida

5 comentarios:

  1. su exposicion de tal obra me ha parecido, muy buena.. aunque lastimosamente, no la he leido he de suponer.. que es muy buena... no queriendo parecer pedante la felicito por tan esplendida exposicion.. gracias..

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  2. A mi también me ha gustado mucho la reseña de esta obra. No lo había oído nunca pero me ha resultado muy interesante y ha despertado mi curiosidad. La verdad que de momento la pongo en la lista de libros a leer en un futuro porque el volumen de la obra impresiona. Lo dicho felicidades por la reseña.

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  3. ¡Muchas gracias! Me alegro de haberos ayudado a descubrir una obra que no conocíais. A mí me pasó más o menos igual, no había oído nunca hablar de él y gracias a un compañero de trabajo, que picó mi curiosidad, llegó a mis manos. Ahora se oye un poquito más porque la literatura japonesa está de moda, y también porque la recuperó la editorial Atalanta en una edición preciosa (la que hablaba, de 80 euros... y con pinta de ser poco práctica de leer, por cierto) Yo lo recomiendo sin duda pero es un libro muy especial, hace falta dedicarle mucho tiempo y tener, de entrada, algo de motivación para conocer una época y un país que nos resulta tan lejano.

    ¡Gracias por leernos!

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  4. esta es una de las mejores obras que hay, la riqueza dentro de cada palabra es increíble, eso sin decir la magnificencia de los poemas en cada parte del libro, has hecho una gran reseña de la obra, esta fue la que me convenció de comprar el libro, que aunque fue algo costoso valió la penas. muchas gracias.

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    1. Hola! Me alegro muchísimo de haberte animado a leer la obra con la reseña. Como dices, es un libro que necesita de un esfuerzo del lector, por sus muchísimas páginas, el ritmo... pero efectivamente vale la pena, es una obra que no olvidaré nunca. Un saludo y muchas gracias por leernos!

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