Sylvia Plath llevaba mucho tiempo en mi lista de pendientes. Visité la librería Celama, en Madrid, y como no tenían el libro que buscaba y no me daba tiempo a pedirlo, encontré La campana de cristal y pensé que le había llegado su momento. Ahora sólo pienso en cómo no lo leí antes.
Plath publicó La campana de cristal bajo pseudónimo en 1963, poco antes de suicidarse. Luchó contra la depresión durante toda su vida. Es muy conocida sobre todo por su poesía.
La campana de cristal tiene como protagonista a Esther Greenwood, álter ego de su autora, que vive durante un tiempo en Nueva York donde trabaja como becaria en una revista. Esther estudia en la Universidad y quiere ser escritora. En la primera parte de la novela, Esther nos cuenta lo que le ocurre ese verano, donde acude a fiestas que no le interesan e interacciona con compañeras con las que no termina de congeniar. Confieso que en esta parte llegaba a reírme: Plath tiene un toque cínico en su escritura muy gracioso que nos hace sonreírnos, sobre todo al sentirnos identificados cuando habla de hombres que no le gustan o de su jefa incompetente con la que no tiene más remedio que lidiar.
Pero la novela no es divertida: Esther vuelve a su hogar tras una mala experiencia y recibe varias malas noticias hasta que se ve, poco a poco, arrastrada a la depresión. La segunda parte del libro habla de su ingreso en un centro psiquiátrico.
El valor de La campana de cristal está en los problemas que retrata: su vocación, sus dudas con los hombres, el conflicto entre la escritura y la maternidad, la falta de comprensión que encuentra a su alrededor por ser diferente y tener más inquietudes que muchas de sus compañeras. Sus sueños se ven truncados y esto le afecta mucho, hasta el punto de necesitar ayuda médica. Pero siempre queda la duda sobre si se comprende de verdad la raíz de sus problemas.
Recomendar esta novela se ha convertido en uno de mis objetivos vitales. Por qué leemos de jóvenes El lobo estepario y no La campana de cristal: por qué las dudas y los conflictos de uno se consideran universales y los que narra Plath no. No lo entiendo. Así que sí: La campana de cristal es muy recomendable. Debería ser obligatorio leerla: para hacer justicia a una autora que ya nos contaba hace mucho tiempo que a veces es difícil hacerse mayor y ser. Algunos de los conflictos son específicos de mujeres: quizá por eso esta novela no es tan conocida como debiera. Pero si las dudas que afectan a los hombres se nos han vendido siempre como universales, por qué no lo son también las de Plath. De verdad: leed este libro.
Ratita de laboratorio

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