Nunca había oído hablar de Ramiro Pinilla ni de Las ciegas hormigas. Me lo recomendaron y decidí leerlo al saber que había ganado el Premio Nadal en 1961. Hace poco, además, han rodado una película basada en el libro. Aunque al parecer, ya se rodó una en Alemania hace mucho tiempo.
Pinilla publicó Las ciegas hormigas en 1961, como ganador del Premio Nadal. Tenía otro trabajo, y siempre escribió como segunda profesión. Publicaba sus libros en editoriales pequeñas y vendía sus propios libros en los mercados. Le faltó reconocimiento en vida, a pesar de ser un buen escritor. Dicen algunos, que porque muchos de sus personajes tenían referencias a personajes reales.
Las ciegas hormigas empieza con el encallamiento de un barco que transporta carbón en la costa. La gente del pueblo lo ve como una oportunidad para coger combustible y poder calentarse en invierno, y se organizan para salir en una noche de lluvia a buscar el carbón con los medios que pueden. En el caso de Sabas, obliga a todos sus hijos y a su cuñado a colaborar y, obsesionado por recoger y llevarse todo el carbón que pueda, no dudará en sacrificar lo que sea necesario para conseguir su objetivo.
El mayor acierto del libro a mí me parece que es el ritmo. La mitad de la novela transcurre esa noche de recogida de carbón, bajo la lluvia, y consigue que sintamos el frío, la humedad y el agotamiento de sus protagonistas. Yo, leyendo sobre las gotas que no dejaban de caer y el ruido cansino del agua sobre el suelo, llegué a sentir el frío de los protagonistas, contagiándome su cansancio, su hastío, y deseé no tener que leer más. Todo un logro del escritor.
Pinilla da voz a todos los miembros de la familia en su texto menos a Sabas, siendo él el principal protagonista. Sus acciones y órdenes marcan al resto de la familia pero sólo podemos imaginar lo que siente u opina, lo que se encierra detrás de esa voluntad de hierro por trabajar, porque sus pensamientos son los únicos que Pinilla no nos muestra.
Las ciegas hormigas es muy recomendable. Ganó un premio Nadal y, como tal, quizá se merezca más espacio en nuestras librerías.
Ratita de laboratorio

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