martes, 27 de octubre de 2015

La familia Karnowsky, de Israel Yehoshua Singer

La familia Karnowsky cuenta la historia de una familia judía desde los orígenes de su fortuna en Polonia hasta su marcha a Berlín y el exilio por el ascenso de Hitler al poder. Es, de nuevo, una historia con el nazismo y el Holocausto de fondo, un tema inagotable. Pero la perspectiva es algo diferente y eso lo hace especialmente interesante.

sábado, 17 de octubre de 2015

Lo que no te mata te hace más fuerte (Verschwörung), de David Lagercrantz


Intenté evitarlo, pero no pude. En cuanto salió a la venta Lo que no te mata te hace más fuerte, la secuela de la trilogía de Millenium, me la compré. Aun sabiendo que no era la continuación oficial basada en los manuscritos de Larsson, que era un capítulo probablemente más destinado a hacer caja que a homenajear al autor fallecido. Aun sabiendo que Lagercrantz iba a ganar dinero a costa de un autor que nunca pudo ver el éxito de sus obras. Lo compré y lo leí. Y fue mejor de lo que esperaba.


miércoles, 7 de octubre de 2015

Rojo y negro, de Stendhal

Entre tanta novedad, y aprovechando el verano, decidí volver a los clásicos, a esos libros eternos que se quedan pendientes porque parece que siempre habrá tiempo de leerlos. Stendhal era una de mis grandes lagunas, y entre El Rojo y el Negro y La Cartuja de Parma, me decidí por el primero, en parte por unos elogios apasionadísimos que le había leído al crítico de cine Carlos Boyero, nada dado a las alabanzas. Decía que era un libro "maravilloso", al que siempre volvía. Y lo definía así: "Es la historia de un trepa enamorado al que las cosas le salen mal".

lunes, 14 de septiembre de 2015

Crematorio, de Rafael Chirbes

Una crisis tan terrible como la que ha golpeado España tenía que terminar convertida también en uno de los temas más 'contados' en la literatura actual. Y de entre todos los autores contemporáneos que se han atrevido a ponerle rostro destaca uno, fallecido hace muy poco: Rafael Chirbes. Lo hizo de forma terrible en su último libro, En la orilla. Y lo hizo también en Crematorio, la primera parte del díptico, extraordinariamente certera pese a que la escribió cuando aún llamaban agoreros a los que avisaban de lo que se venía encima.

sábado, 5 de septiembre de 2015

La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera


Hace muchísimos años que leí La insoportable levedad del ser. Fue un regalo, que recibí quizá demasiado pronto. Obligada a imaginar los sentimientos que leía y las personas que protagonizaban la novela, éste es uno de esos libros que marcan, y que acuden a menudo a la memoria. Hay textos y personajes que en su momento no entendí, cuya significación sólo intuí en un mundo de sentimientos para los que no fui especialmente precoz que, con el tiempo, han vuelto a mí y he reinterpretado: vidas que ahora entiendo, miedos que ahora tengo. La tarea de releerlo está ahí, porque seguro que ahora el libro me dice otras cosas que serán igual o más interesantes que las que me dijo entonces. O quizá menos, y por eso nunca me decidí a bajarlo de la estantería. 

miércoles, 26 de agosto de 2015

Una casa de tierra, de Woody Guthrie

Considerado uno de los cantautores más importantes de Estados Unidos -Bob Dylan le adoraba-, hasta hace pocos años no se sabía que, además de muchísimas letras, también dejó una novela. En España, fue recuperada por Anagrama, con ilustraciones del autor y un resumen de su ajetreadísima vida. Suelo desconfiar de los presentadores que escriben, las actrices que también cantan, los cantantes que son poetas... Y me acerqué a este libro más por curiosidad que por la esperanza de encontrarme con una gran obra. Me equivoqué: me encantó desde el principio hasta el final y se lo recomendaría a cualquiera. Las letras de Woody Guthrie eran preciosas. Y fue capaz de crear un libro igual de bello.

domingo, 16 de agosto de 2015

El jardín de los cerezos, de Antón Chéjov


El teatro no hay que leerlo, sino verlo representado. Y eso hice yo con Chéjov y su Jardín de los cerezos: verlo en el National Theater. El problema es que la versión tenía ciertos toques modernos que no terminé de entender (había militares con metralletas en el reparto) así que, por recomendación de una de las amigas con las que fui a verlo, decidí leerlo. Y aunque cierto atrezzo era inventado y, para mí, sobraba, muchas de las situaciones eran tal y como Chéjov las quería... porque los últimos nobles de Rusia rozaban el ridículo ignorando la realidad de su nueva pobreza.